
“Lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos; lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de Vida, pues la Vida se manifestó, y nosotros la hemos visto y damos testimonio... lo que hemos visto y oído os lo anunciamos” (1 Jn 1, 1 – 3).
Comodoro Rivadavia, Mayo 2008
UNA HISTORIA TRISTE CON FINAL FELÍZ
Me llamo Germán Díaz, pertenezco a la comunidad Jerusalén, de San José Obrero, en Comodoro Rivadavia.
El 18 de julio de 1999 sufrí un accidente; mi auto volcó y tuve lesiones muy graves. Fui trasladado al hospital de Comodoro, y de allí me enviaron a Buenos Aires con fractura de columna cervical. Como tratamiento me habían colocado dos tornillos y unas pesas de 14 Kg. para hacer una tracción.
Mi esposa Rosita, por quien agradezco al Señor, y el mismo Dios, siempre estuvieron a mi lado. Desde ese momento empecé mis súplicas, no sólo por mí, sino por todos los que íbamos en el avión a Buenos Aires. Esto me daba tranquilidad y paz.
Luego de estudiar mi caso, los médicos decidieron colocarme 4 tornillos con el mismo peso. Al no ver mejorías lloré de impotencia, el dolor embargó mi corazón y le pregunté a Dios: ¿Por qué a mi Señor me pasa esto? De repente me di cuenta que no estaba solo; mi esposa estaba junto a mí y los dos nos pusimos en las manos de Dios, ya que venían 15 largos días difíciles, esperando la operación que me iban a practicar y que por diferentes razones parecía imposible de realizarse.
Después me cambiaron de hospital y creo que ya Dios obraba a mi favor. Mi pensamiento estaba en el Señor Jesús, confiaba en que él me sacaría de esto y así, a los quince días entraba orando al quirófano. Seis horas después salía de la operación que fue un éxito.
Días después surge una complicación; una infección y el rechazo de la prótesis indicaban la necesidad de una nueva operación. Otra vez el temor y la angustia de la incertidumbre. No me manifestaban los riesgos por atravesar, pero sabiendo que no tenía otro camino, acepté.
Mi esposa estuvo siempre a mi lado con oración, leyéndome libros cristianos que me renovaban las fuerzas; me consiguió un sacerdote que me daba la Eucaristía.
Llegó el momento de la segunda operación. Sucedió que en el quirófano vi a la Virgen María detrás de las luces y me preguntaba cómo habían colocado esa imagen ahí (después me enteré que no existía tal imagen en la sala de cirugía).
Escuché la voz de la Madre que me decía: “No temas yo estoy aquí” y fue entonces que me quedé dormido totalmente.
Cuatro horas más tarde me desperté en la sala con sueros, infiltraciones, cánulas, mis brazos estaban imposibles y me creía sin fuerzas para seguir. Mi esposa salía a veces (sabía yo que a orar) y después volvía y me cantaba alabanzas en el espíritu Santo y de confianza hacia Él. Mi esposa estaba cargando sola el peso de las decisiones, los partes médicos de cada avance o retroceso en mi cuadro clínico. Pero ella ponía la seguridad y tomaba fuerzas del Señor.
En Buenos Aires nos acompaño Petty, una hermana en Cristo, que nos ofreció todo cuanto pudo, como también otros conocidos y un familiar que Dios permitió que encontráramos. Gracias a una de estas personas mi esposa tuvo un lugar donde descansar algunas horas, cuando no podía estar conmigo por las restricciones del hospital.
Todos nos acompañaban con sus oraciones, mis hermanos de comunidad, las comunidades pastorales de ciudad, los hermanos evangélicos, los amigos y la familia y los grupos de oración por intercesión, que no cerraron de orar haciendo cadenas, por todos los cuales pido al Señor les devuelva el ciento por uno.
Cuando ya parecía haber salido del mal momento y volver al querido Comodoro, me informaron de la necesidad de una nueva operación para ajustar la prótesis. Después de digerir la sorpresa me entregué confiado al Señor, parecía que mi fe aumentaba. Y cuando me vinieron a buscar, el Señor tuvo un detalle muy especial, mandándome un camillero de su ejército, que mientras movía la camilla hacia el quirófano me cantaba: “Jesús es mi luz”. No puedo transcribir cuánto me alegraba lo que pasaba. La operación fue un éxito de Jesús y los médicos.
A más de un año todavía estoy en recuperación, lenta pero segura. También quiero compartir otra bendición, y es que en un momento tan crítico en lo económico, con tanto desempleo, estoy trabajando. ¡Bendito sea Dios! Y benditos mis empleadores y compañeros que se solidarizaron conmigo y mi familia. Pero no terminó todavía. Surgió un problema en la radiografía de control y es necesario hacer una nueva operación para ajustar los “fierros”. Dicen que es más sencilla que las otras, pero de todas maneras el Señor ha acrecentado mi fe y lo dejo todo en sus manos.
Estoy feliz y disfruto la vida junto a mi familia; me siento rebendecido y no deseo otra cosa que saborear las maravillas del Señor.
Aprendí que soy un necesitado de Dios y que estoy dispuesto a venderlo todo para obtener esa perla preciosa del Reino.
Con el corazón agradecido al Señor Jesús y a todos los hermanos que me regaló, con mi familia quedo en sus manos.
¡A Él sea toda la Gloria! ¡Amén!
Germán Díaz – Comodoro Rivadavia - Chubut

Comodoro Rivadavia, Mayo 2008
SOLO DIOS SABE…
Me llamo Isabel Zárate, pertenezco al grupo “Comunidad Jerusalén” de San José obrero de Comodoro Rivadavia, envió mi testimonio con el único anhelo de dale Gloria a Dios.
Un 26 de septiembre fui llevada al quirófano para ser operada de cáncer de mama, fue muy triste para mi esposo que no sabía como asumir la realidad, eso me estaba pasando, sin embargo yo sentía tal tranquilidad, pude darme cuenta que era mi Jesús que era mi Jesús que me la había dado y que nunca yo había sentido así. Fue así que me entregue totalmente a Él para que haga en mi su voluntad y si Él quería que fueran sus manos las que me operaran, me preguntaron los médicos que hacían con mi teta (pecho), a mi no me importaba la estética por lo que ellos trataban de explicarme lo mejor, solo le dije que me importaba la vida, si tenían que sacármela que no duden en tirársela a los perros.
En mi interior el Señor me hacía entender que el me tenía destinada a otra vida mejor. Mas tarde comprendí que sería para servirle, aunque creo que siempre lo hice en silencio (no me gusta decirlo). En realidad el dolor que yo tenía en mi corazón era la desesperación de mi esposo, lo veía como lloraba a escondidas, en los rincones de la casa; estaba destrozado de pena, mientras yo le decía: viejito la vida sigue arriba no dejes caer ese ánimo porque mi Jesús está con nosotros.
Después de estar ocho años operada, volvimos a tener otra mala noticia, le hallan a él, cáncer al estómago con ramificaciones en el hígado, desahuciado. Sólo nos quedaba la esperanza que mi Señor le alargue los días hasta donde el diga; empezaron todos los tratamientos habidos y por haber, quicio, rayos y tantas cosas para poder tenerlo un año y medio más de vida a mi lado. A mí mi responsabilidad como esposa con un dolor tan grande en mi corazón y siempre me mantuve en oración, que es la fortaleza de la vida que el Señor nos da día a día.
Solo Dios sabe porque estoy viva, será por el amor a mi Jesús y a nuestra Madre María, así amándolos a ellos puedo amar con todo mi corazón a mis tres hijos, frutos del amor con mi esposo, en ellos me quedó un pedacito de él. Hoy hace cuatro años que partió a la eternidad un día nos encontraremos nuevamente. Pues el se entregó en las manos del Señor con una paz y una lucidez muy grande y sé que Jesús lo recibió.
Dios usó otros instrumentos a los cuales doy gracias, a toda la familia hermanos, cuñados, los vecinos, hermanos del grupo de oración que siempre estuvieron conmigo, no me dejaron sola, y sino por teléfono siempre, es muy lindo saber que hay personas que el Señor les da ese don, el Señor les devuelva el ciento por ciento en bendiciones en la oración. A mis tres hijos y su familia que siempre están a mi lado, ellos son la alegría de mi corazón a pesar de mi tristeza. Por el gozo de mi corazón gracias María Santísima y Sagrado Corazón de Jesús.
Amén

Comodoro Rivadavia, Mayo 13 de 2007. “Día de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento”
Hermanos de la:
Renovación Carismática Católica
De mi mayor consideración:
Me dirijo a Uds., por dos motivos: Primero para felicitarlos y alentarlos a seguir adelante con esta hermosa obra que inician, cual es la de mantener un canal de comunicación abierto entre todos los cristianos en general y entre los hermanos de nuestra querida RCC en particular, transmitiendo la buena noticia de nuestro amado Dios VIVO y OPERANTE en su pueblo a través de su gran Amor y Misericordia.
El segundo motivo y cumpliendo lo que me ha ordenado mi gran Señor Jesucristo, es el de solicitarles la posibilidad de difundir el siguiente testimonio personal por intermedio de este canal de evangelización, con el “único fin” de dar GLORIA a nuestro PADRE CELESTIAL.
Mi nombre es Dionisio Segovia, vivo en Comodoro Rivadavia (Chubut - Argentina), tengo 46 años, y participo en el grupo de oración “Santísimo Sacramento” de la Comunidad que lleva el mismo y precioso nombre.
El Señor me ha bendecido, entre otras cosas, con una familia cristiana, una gran esposa, una hermosa hija que hoy tiene 13 años y hermanos y amigos que acompañan mi caminar por esta vida. Pero no satisfecho con ello, me ha dado una muestra más de su gran MISERICORDIA DIVINA.
Siempre fui un hombre físicamente sano, pero a principio del año 2001 comencé a sentir un pequeño bultito en la mejilla derecha, que luego fue creciendo... Por dicha razón en el mes de Julio consulté médicos que me hicieron estudios y posteriormente uno de ellos me operó... pero yo seguía notando una inflamación en el rostro. Hacia el mes de Diciembre consulté a otra cirujana, a la cual estoy muy agradecido por su profesionalidad, quién luego de nuevos estudios realizó una segunda intervención quirúrgica y extrajo un tumor. Pasaron aproximadamente 15 incómodos días de recuperación post-operatoria y una tarde la Dra. me llama por teléfono a casa para avisarme que ya estaba el resultado de la biopsia y que quería hablar urgentemente conmigo en forma personal porque el resultado “no era bueno”.
Así me entero luego que el tumor que me habían extraído era maligno, es decir una especie de cáncer de parótida denominado “carcinoma mucoepidermoide”. De más está contar las cavilaciones que comenzaron a pasar por mi mente y decidí mantenerlo en secreto hasta tanto tuviera mas precisiones, para no preocupar a mi familia y amigos. Me refugié fuertemente en el Señor y comencé a orar más que de costumbre...¿porqué será que los seres humanos buscamos más insistentemente a Dios sólo cuando más lo necesitamos? ....... La oración y la participación en Misa (como luego les comentaré) me dieron una gran tranquilidad, confianza y fuerzas para contarle lo sucedido a mi familia y hermanos de la comunidad. Los que a su vez también comenzaron a interceder ante nuestro Señor Jesús y me acompañaron de cerca.
Bien, la cosa es que me hice una tomografía para ver si existían metástasis y en caso positivo posiblemente debería someterme a una nueva operación y quedé a la espera de los resultados, los cuales tuve el día viernes 18 de enero de 2002. Los leí y pese a mi ignorancia en el tema, pude entender que el informe no era bueno... además yo continuaba notando la inflamación en el rostro.
Coincidentemente durante esa semana se realizaba en nuestra Diócesis el “Jericó de Alabanza” y nuestro grupo de oración tenía asignado el día sábado durante unas horas de la tarde. Con un hermano del equipo de servidores de la Comunidad, preparamos la animación con profunda oración y auxilio del Espíritu Santo y luego en la Catedral oramos ante el Santísimo Sacramento expuesto, e íntimamente pedí al Señor que hiciera Su voluntad. Durante la noche con la misa de cierre pude recibir el Divino Cuerpo de nuestro Señor a través del sacramento de la comunión.
No se bien en qué momento pero ese mismo día comencé a notar que, salvo la dureza propia de la cicatriz formada al operarme, no tenía otro tipo de inflamación. Lo comenté con mi hermano del grupo y él me manifestó que el Señor puede hacer cualquier maravilla, pero que no obstante ello no dejara de ir a médico.
El día Martes 22 concurrí a ver a mi apreciada Dra. durante la mañana y ella, al leer el resultado de la tomografía me dijo que el informe era “preocupante” porque aparecía una “formación groseramente oval” de aproximadamente 2 cmts. de diámetro, similar a la que me habían extraído, cuyos síntomas concordaban con un “carcinoma mucoepidermoide”. En ese momento le expliqué que yo ya no sentía la inflamación, pero que sí la tenía cuando me realicé el estudio. Me revisó y al no notar ella tampoco nada mediante la palpación de la zona afectada, diligentemente habló con el radiólogo y me pidió que volviera el mismo día a la tarde para hacer una nueva tomografía. Así lo hice. La doctora me acompañó también esa tarde.
El resultado final fue que al efectuarme el segundo estudio, YA NO EXISTÍA ningún signo de tumor de ningún tipo. ¡Mi gran DIOS MISERICORDIOSO había obrado una vez más en mi vida! La doctora llena de alegría, me dio la noticia en ese mismo momento, sin esperar el informe formal. El médico radiólogo me comunicó que la inflamación, no sabe cómo, se había “drenado” y ya no estaba; que en la operación el tumor salió “encapsulado” y por ello no se ramificó; pero también me dijo que en la primer tomografía él había visto la inflamación y por eso la había informado e inclusive sacó una foto con la situación anterior y la situación actual, la cual sin yo pedirla, me sirve ahora como prueba concreta de la gran GLORIA DE DIOS!
Al principio de mi carta, mencioné que el Señor me había ordenado testificar. Paso a contarles cuándo fue: luego de enterado de que tenía un cáncer de parótida, un domingo temprano, al abrir la Biblia el Señor me regaló su Palabra Viva mediante la lectura de Hechos 22; 15-16. Allí al convertir a Saulo, Jesús le ordenó por medio de Ananías: “Levántate, Bautízate y purifica tus pecados invocando su Nombre” y luego lo envió a Testificar. Al principio no pude discernir correctamente el significado de esa Palabra en ese momento de mi vida. Luego, a las 10 de la mañana, al ir a Misa ese mismo domingo, sin yo saberlo, el padre Juanjo, como llamábamos a nuestro sacerdote de esa época, bendijo el agua de la pila bautismal y dijo: “Hoy todos vamos a renovar nuestro Bautismo porque conmemoramos el Bautizo de Nuestro Señor”.... Yo me quedé perplejo e íntimamente supe que el Señor me había dicho: confía en Mí que yo estoy contigo, nada te va a ocurrir y serás mi testigo.
Así hermanos, por Gracia y Obra de nuestro Dios Misericordioso, Poderoso, Vivo y deseoso de dar Amor ,he sido TESTIGO una vez más del Poder de Dios, de la exactitud de la Palabra Divina a través de la Biblia, de la fuerza de los Sacramentos, del poder de la Oración personal y comunitaria y de la realidad del gran misterio Divino a través del “Santísimo Sacramento”, coincidentemente....o debiera decir “Diosidentemente” el mismo nombre que lleva la Comunidad en la cual sirvo al Señor como catequista e integrante del grupo de oración de la RCC y ahora como ministro extraordinario de la comunión.......¡¡¡¡ GLORIA A AL PADRE, AL HIJO Y AL ESPÍRITU SANTO, COMO ERA UN PRINCIPIO AHORA Y SIEMPRE POR LOS DE LOS SIGLOS...AMEN!!!!!

Comodoro Rivadavia, 22 de Mayo del 2007
Me gustaría comenzar dando gracias a Dios, porque es grande su Amor.
Cuando llegué de Tucumán a este sur, era todo nuevo para mi; me recibió con mi equipaje lleno de esperanzas e ilusiones y, Dios, me cuidó como lo que es, un Padre, que no tan solo me dio el trabajo para subsistir al día siguiente, sin conocer a persona alguna, también un lugar familiar en donde vivir incorporando a mi vida maneras de relacionarse en familia, desconocidas, imposibles de creer, pues mi referencia era la violencia familiar, desconocía lo que era la oración, el diálogo, la fuerza de los sacramentos hasta que los empecé a poner en práctica cuando comencé a acudir a un grupo de oración que fue un dejar de estar solo, aprender a vivir, a encontrar nuevas motivaciones y deseos más altos como querer vivir en santidad, no preocupado tan solo por mi y mis ganas; comencé a mirar también las necesidades de las demás personas y sin darme cuenta llegué al Seminario de Vida en donde recibí la efusión del Espíritu Santo en el año 1987, inexplicable con palabras, la presencia profunda, renovadora y sanadora de Jesús en mi vida y mi historia. Un nuevo ser había nacido, deseoso de crecer y de saber más, pero lo que más me impactaba era cuando necesitaba una orientación o sacarme algunas dudas, lo consultaba con los hermanos mas crecidos y la respuesta era “hay que orar” y después de orarlo poníamos en común lo mismo, surgido a través de un texto bíblico o de una profecía o de una visión, maravillado quedaba por la presencia del Espíritu Santo en mis hermanos, en el sacerdote que me acompañaba (Padre Juan Nota) y en mi también.
Enamorado de Jesús fui entregándome a Él cada día un poquito más, vinieron las inquietudes vocacionales, si la vida de familia o el sacerdocio y Dios con su toque de Amor, de Felicidad, y de Paz (bajo el discernimiento de Monseñor Moure) puso la luz y la persona que Él tenía reservada para mi, a quien amo profundamente.
Las propuestas de ir al encuentro de Jesús vivo, crece día a día en la familia, acompañado con las pruebas, necesarias para el crecimiento, pero firmes en la fe, aun en los momentos más difíciles, como la pérdida de dos hijos, el estar desocupado laboralmente, el estar grave de salud con el pronóstico de esperar el fallecimiento en cualquier momento por pancreatitis, todos estos momentos fueron superados desde la oración personal, los sacramentos y la oración de los hermanos.
Como no decir gracias, si Dios me ha dado los hijos y la vida, puso a mi lado personas de buen corazón, que me enseñaron a vivir, como no decir gracias si estoy rodeado de hermanos que velan por mí, “AMOR SE PAGA CON AMOR” después de tanto amor recibido como no darlo y compartirlo con vos hermano, con vos hermana que estás leyendo esta historia de amor misericordioso de Dios Padre.
Hoy pido a Dios serle fiel, perseverar y poder animar y contagiar a las demás personas que Él me pone en el camino, como lo hicieron conmigo.
Bajo el amparo y la protección de la madre en la advocación de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento pongo mi vida y el servicio que hoy me toca realizar.
Ramón Germán Larrahona – Grupo de Oración Santísimo Sacramento
Coordinador de la Diócesis de Comodoro Rivadavia por gracia de Dios