Saludos del Equipo Coordinador Diocesano

Paz y Bien a mis hermanos miembros de la renovación carismática católica en la diócesis del chubut, en este día que la iglesia recuerda al Beato Raimundo Lulio, hago mías sus palabras y se las comparto “Si quieres ser servido, sirve” (B.R.L).
Transcurrido ya 15 meses de caminar en este servicio dado por Dios, puedo asegurar que la presencia fructífera, actual y viva del eterno Señor permanece con nosotros de muchas maneras que “obra sin cesar” en forma natural y sobrenatural en esta tierra patagónica y en particular en esta bendita renovación carismática católica.
Se hace inconclusa esta obra de Dios toda vez que le decimos que no, en forma consciente o subconsciente si le negamos nuestro “ si “, entrega como lo hizo Maria en la Anunciación, que nos sirve de modelo.
Es condición indispensable permitirle a Dios realizar su plan de Vida eterna en nosotros y en nuestros hermanos de El proviene todo don, todo carisma, toda fuerza, toda vida, toda verdad, todo gozo, todo fuego de amor sobrenatural.
Sin verdadera pasión por la verdad, que solo otorga el  Espíritu Santo, seremos esclavos  de la mentira, como lo somos en muchas cosas, por negar al Espíritu Santo su acción en nosotros.
Este, y no otro, es el plan de Dios, es deber de cada  uno de nosotros el conocer el Plan de Dios, si después de todo lo que hemos oído y lo que hemos aprendido hasta ahora, a pesar de ello aun no conociéramos cabalmente el maravilloso plan de Dios, nos deberíamos considerar muy desdichados.
Jesús nos habla de este plan, El vino para darnos vida abundante ( Jn 10,10 ) y traer fuego. El mismo desea vivamente que ese fuego arda ( Lc 12, 49 ). Nos habla de dar frutos abundantes y que el Padre nos podara para que demos aun más frutos (Jn 15, 2 ). También nos dice que el que crea en El “de su seno manaran ríos de agua viva “( Jn 7,38 ) y esto lo dice por el Espíritu Santo que iban a recibir los que creyeran en el ( Jn 7,39 ). Además nos da un gozo que no nos será arrebatado ( Jn 16,22 ).
La abundancia de esta vida que Dios nos quiere comunicar esta pues garantizada por Cristo: “ Venid a mi todos los que están agobiados y fatigados y yo los aliviare. Porque mi yugo es liviano y ligera mi carga “ ( Mt 11,30 )
Cuando el “yugo” se hace pesado o insoportable es signo de no haber renunciado todavía del todo a si mismo, que es la condición fundamental para ser discípulo de Jesús.
El Plan de Dios es simple, a pesar de que nosotros con mucha terquedad nos empeñemos en complicarlo: “Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado (Jn 17,18 )
Tampoco nos envió solos o librados a nuestra suerte.Para ello nos dio su mismo Espíritu, el Espíritu del Padre y del Hijo que con el  Espíritu Santo hacen un solo Dios.
La desobediencia es el primer signo de infidelidad a Dios y la primera tentación del espíritu del error que nos lleva a realizar invariablemente lo que queremos o pensamos pero no lo que quiere Dios.
Nuestra libertad consiste en decir “si “al Señor y “no “a nuestros criterios humanos que nos acarrean innumerables trastornos y contradicciones.
Cuantas veces con nuestra propia razón limitada y confusa nos equivocamos groseramente contradiciendo el Plan de Dios, constituyéndonos en hijos rebeldes, por ejecutar planes que no son los de Dios ( Is 30,1 ) y seguir en pos de sus pensamientos, por caminos equivocados ( Is 65;2 ).
Job exclamaba muy sentido: “Yo te conocía solo de oídas “a Job le faltaba lo esencial una experiencia directa con el Señor de la Vida.
¡Que tristeza mas grande es para un cristiano conocer a Dios “solo de oídas “!
Juan Pablo II pidió a todos los católicos ya bautizados y confirmados sacramentalmente, con el fin de ser renovados en el Espíritu Santo y lograr ser apóstoles de verdad, con valentía y con el poder del Espíritu, una experiencia rica y fuerte que el misterio de Pentecostés ofrece a todos por que la promesa de Dios “es para todos “.
Por eso el Salmista dirá sin dudar: “Un pueblo renovado alabara a Yave (Sal 102,19 ) no lo alabara, por supuesto, un pueblo que no termina de conocer a Dios sino es “solo de oídas” y mal.
Al Salmista, de su experiencia con el Dueño de la Vida le broto espontáneamente de su corazón la alabanza. La alabanza a Dios es la actitud de agradecimiento es un reconocimiento alborozado de la obra constante de Dios en El, en los demás, y en el mundo.
Poder alabar a Dios como lo hace el Salmista, como lo hace Maria, como lo hacen los Santos, o sea, no la alabanza formal sino el espíritu de alabanza, es estar renovados por el mismo Espíritu de Dios.
El Señor envía a todos los pueblos  a batir palmas, y aclamar a Dios con gritos de alegría (Sal 47,2 ).
Para una comunidad que esta lejos de los planes de Dios, será difícil entender las expresiones de alabanza, como  elevar las manos a Dios, danzar por El y dar gritos de júbilo.
En medio de la alabanza, El nos renueva con su presencia gozosa. Es el Señor quien nos dice: “Haré que tengan alabanza” (So 3,19 )
Tú, cristiana y cristiano de hoy, para el mundo de hoy has sido enviado por Jesús a realizar y continuar el evangelio.
Que la delicada intercesión de la Madre que conoce como ninguna otra criatura el secreto de la voluntad de Dios y a cuyos ruegos no nos podemos resistir, nos ayude a decir “si “al Don de Dios.

 

           

 

            Dios nos bendiga abundantemente en la salud, en la familia, en el trabajo, y en la vida Pastoral.